Ni en Navidad nos podemos "librar" del fenómeno Obama. Y parece que empiezan los primeros problemas para el nuevo gabinete presidencial. En posts anteriores, comentábamos y dudábamos de las buenas relaciones entre el presidente electo y su futura secretaria de Estado, la senadora por Nueva York Hillary Clinton. Y nuestras sospechas se han confirmado.
Ayer mismo, día de Nochebuena, conocíamos que Clinton ha pedido más dinero y más poder a su, hasta hace unos meses, rival. Sin ir más lejos, quiere competencias mayores para afontar los problemas económicos que afectan a todo el mundo. Y no va a ser tarea fácil: va a tener que convencer a Obama para que rebaje el peso del departamento de Trabajo en asuntos internacionales. Ni corta ni perezosa, la ex primera dama también le ha pedido la creación de un equipo de enviados especiales de alto nivel que trabajen directamente en los puntos más conflictivos del planeta, como pueden ser Irak o Afganistán. Éste fue un modus operandi ya habitual en la administración Clinton. Ahora bien, ni Clinton (Hillary) ni Obama han hablado en persona de emisarios o misiones específicas, aunque suena el nombre de Dennis Ross como delegado para Oriente Próximo; o el de Richard Holbrooke, para Afganistán, Pakistán e Irán. Contar con enviados especiales supondría, en la práctica, un mayor esfuerzo inversor para la Secretaría de Estado norteamericana. Precisamente, para gestionar todo el dinero, Clinton ha pensado en Jacob Lew (que fue, precisamente, director de presupuesto con Bill Clinton). A Lew se le relaciona con algunos de los pesos pesados del Partido Demócrata y y trabaja en la actualidad como ejecutivo de operaciones financieras de Citygroup en el extranjero.
Ayer mismo, día de Nochebuena, conocíamos que Clinton ha pedido más dinero y más poder a su, hasta hace unos meses, rival. Sin ir más lejos, quiere competencias mayores para afontar los problemas económicos que afectan a todo el mundo. Y no va a ser tarea fácil: va a tener que convencer a Obama para que rebaje el peso del departamento de Trabajo en asuntos internacionales. Ni corta ni perezosa, la ex primera dama también le ha pedido la creación de un equipo de enviados especiales de alto nivel que trabajen directamente en los puntos más conflictivos del planeta, como pueden ser Irak o Afganistán. Éste fue un modus operandi ya habitual en la administración Clinton. Ahora bien, ni Clinton (Hillary) ni Obama han hablado en persona de emisarios o misiones específicas, aunque suena el nombre de Dennis Ross como delegado para Oriente Próximo; o el de Richard Holbrooke, para Afganistán, Pakistán e Irán. Contar con enviados especiales supondría, en la práctica, un mayor esfuerzo inversor para la Secretaría de Estado norteamericana. Precisamente, para gestionar todo el dinero, Clinton ha pensado en Jacob Lew (que fue, precisamente, director de presupuesto con Bill Clinton). A Lew se le relaciona con algunos de los pesos pesados del Partido Demócrata y y trabaja en la actualidad como ejecutivo de operaciones financieras de Citygroup en el extranjero.
A nadie se le escapa que EE.UU. tiene que mejorar su imagen en el mundo, mejorar sus maltrechas relaciones diplomáticas con numerosos países (España es sólo un ejemplo) o apuntalarlas con potencias emergentes, como por ejemplo, China. Pero de ahí a que Clinton pida mayores recursos para su Secretaría me parece un poco desproporcionado. Como titulábamos en nuestro post, empiezan los problemas y veremos si Obama hace caso de las peticiones de Hillary. Y a mí me surge una pregunta: ¿tiene algo que ver la figura de Bill en las decisiones y la línea estratégica que está tomando su esposa? El tiempo dirá... Como también dirá cuánto tiempo tardará en conocerse nuevas fricciones entre Barack y Hillary. Porque mucho me temo que esto no ha hecho más que empezar.
Para echar unas risas, un curioso vídeo de Youtube en el que Santa Claus visita El show de Hillary:
La fotografía que se adjunta es de Jacob Lew, posible director financiero de Hillary Clinton.
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